Covadonga no está para bebés

Una niña en el santuario de Covadonga.
Una niña observa la fuente de Covadonga.

¿Vamos con los peques a Covadonga? Muchas familias se plantean esta visita, y sin embargo la accesibilidad y la ayuda a la atención de los bebés deja mucho que desear. El primer problema es la llegada. Si no hay mucha gente en el santuario y se puede dejar el coche en el último aparcamiento, no hay problema. Pero de no ser así subir hasta la basílica puede ser bastante problemático para llevar una sillita de bebé. Existen dos alternativas: la senda interior, más segura y bonita pero llena de escaleras, y la carretera, más peligrosa por el continuo paso de vehículos, ya que además no existe arcén y las curvas son constantes.

Superada la primera dificultad, y una vez en la explanada de la basílica, la siguiente evidencia es que las rutas accesibles son muy deficientes (algunas rampas parecen peldaños torcidos) y sin señalizar. Y esto no sólo perjudica a las familias con bebés, sino también a las personas con movilidad reducida que necesitan ayuda para poder entrar en el templo.

La accesibilidad, muy deficiente

¡Horror! Ha llegado el momento de cambiar el pañal. Los baños más próximos a la basílica ofrecen unas hermosas escaleras, muy empinadas, que desde luego quitan el ánimo a bajar con la sillita.

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En Información indican amablemente la ubicación del único cambiador del recinto -«Si es que no lo quitaron». Es en los baños que están un poco más lejos y que esos sí, son accesibles. Y ahí está, el cambiador, escueto y en un lugar que no huele a rosas. ¿Y la sala de lactancia? Esa ni está ni se la espera.

Así que la puntuación de la Guiabebé al santuario de Covadonga no puede ser muy buena. Quizá ahora que llegan las celebraciones de los centenarios sea el momento de pensar en los bebés.

Puntuación entre uno y cinco chupetes: uno.Unchupo

 

Elisa Campo

En reconversión. ¿O mejor en evolución? Periodista desde hace más de una década, la doble maternidad me ha empujado a una nueva vida, donde la actividad profesional no esté reñida con cambiar pañales y escuchar los primeros balbuceos de mis bebés. La vida es, más que nunca, una aventura.

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