Acudir pronto ante el llanto, clave para fomentar un buen apego con el bebé

El nacimiento de un prematuro es un acontecimiento que puede afectar en el establecimiento del vínculo con los padres

El apego, ese vínculo emocional que desarrolla el niño con sus padres o cuidadores y que le proporciona la seguridad emocional indispensable para un buen desarrollo psíquico y emocional, no llega de la nada. Tiene también sus claves. Según explicó Margarita López Noche, PIR de cuarto año en el Servicio de Psicología Clínica del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), numerosos estudios concluyen que hay dos variables fundamentales que se identifican con una buena conducta de apego: la prontitud de reacción ante el llanto (acudir lo antes posible) e iniciar la interacción social con el bebé de forma lo más temprana posible.

López Noche ofreció junto a su compañera Rocío Bouza Fustes una ponencia sobre el cuidado del vínculo y las emociones en situaciones especiales, en el marco de la II Jornada de Prematuridad, que se celebró en el HUCA. Y es que el nacimiento de un bebé prematuro es un acontecimiento estresante que puede afectar al establecimiento del vínculo: ni él está preparado todavía para nacer, ni sus padres todavía para serlo.

El estrés de la hospitalización

Si el bebé tiene que ser hospitalizado, existe un estrés añadido debido al entorno de monitores, aparatos, ruidos, prácticas invasivas y bebés enfermos. «Con las hospitalizaciones prolongadas muchas madres se sienten culpables, por no poder llevar el embarazo a término. No saben cómo actuar ante el niño, sienten frustración, y si se produce ese repliegue supondrá una dificultad añadida para el niño», apuntó la psicóloga Bouza Fustes.

Según señalaron las ponentes, las conductas instintivas de apego del niño son «el llanto y la sonrisa, la llamada, el seguimiento y el aferramiento, y la succión». Por eso «se resisten a la separación, protestan si se lleva a cabo y utilizan la figura del apego como base de seguridad desde la que explorar el mundo«. Todas esas conductas son más débiles en el caso de los bebés prematuros, de ahí que haya que cuidar al máximo el proceso para que la vinculación se realice de forma satisfactoria.

En los casos de hospitalización de los bebés resultan útiles apoyos como disponer de un objeto suave o blandito para calmar su angustia, que el personal sanitario cambie lo menos posible y que los padres graben audios con sus voces y sonidos para ponérselos a ratitos. «La mayoría de los niños prematuros evolucionan psicológicamente sin problemas. No son población de riesgo para sufrir problemas psicológicos», aseguraron las psicólogas.

Las fases del apego son las siguientes:

  1. Inicio de formación del apego. Hasta los 6-8 meses. El comportamiento se vuelve cada vez más amistoso. Reconoce a la madre y se queda tranquilo con la separación.
  2. Etapa de apego. Entre los 8 y los 18 meses. Rechaza el contacto físico incluso de familiares cercanos, lo único que desea es estar con su cuidador principal. El bebé elige una figura de apego principal y otras subsidiarias.
  3. Etapa de formación de relaciones recíprocas. Entre los 18 meses y los 2 años. Aceptan que el cuidador se vaya si les explica el porqué y el tiempo que estará ausente.

 

Elisa Campo

En reconversión. ¿O mejor en evolución? Periodista desde hace más de una década, la doble maternidad me ha empujado a una nueva vida, donde la actividad profesional no esté reñida con cambiar pañales y escuchar los primeros balbuceos de mis bebés. La vida es, más que nunca, una aventura.

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