Diez cosas que hacer con bebés en primavera

La primavera es un tiempo especial para los bebés. Después de los meses de invierno, con más frío y oscuridad, en los que la vida se desarrolla fundamentalmente a cubierto, llega por fin el momento de salir a explorar. Si los bebés son pequeños, el contacto con la hierba ya es una experiencia lo suficientemente satisfactoria. Si son un poco mayores, la curiosidad será infinita: flores, pájaros, brotes en las ramas… ¿Quieres alguna sugerencia para aprovechar a tope esta estación del año? Sigue leyendo. GuiaBebé te da diez opciones para que las adaptes a tus gustos y posibilidades.

  1. Haz un semillero
  2. Planta un árbol
  3. Recoge flores y prénsalas en un libro
  4. Haz una visita al Botánico de Gijón
  5. Participa en una recogida de basura
  6. Da un paseo por el entorno rural
  7. Organiza una «cacería» de huevos de Pascua
  8. Recoge conchas y piedras en la playa
  9. Vuela una cometa
  10. Lee «La pequeña oruga glotona» de Eric Carle

Haz un semillero. Es muy fácil. No necesitas más que una maceta, o una caja forrada y con agujeros, que luego deberás rellenar de tierra. En el mercado tienes gran variedad de semillas para elegir, tanto de flores como de productos de la huerta: lechugas, tomates, pepinos… Si vives en un piso no plantes todo el sobre de semillas, luego no sabrás qué hacer con ellas. Los niños, desde los más pequeños, pueden ayudar a rellenar la jardinera de tierra, echar las semillas, regar, vigilar que le dé el sol…

Después, cuando nazcan las plantas, será el momento de trasplantarlas a macetas individuales. O a un huerto. Si has optado por plantas de flor, serán una alegría para los sentidos. Si has elegido un producto comestible, tendrás la satisfacción de poder presentarlo en la mesa. Aunque vivas en un piso, con un poco de paciencia puedes cultivar tu propia ensalada.

Planta un árbol. Si dispones de un poco de terreno, ha llegado la hora de ponerse manos a la obra y plantar un árbol. Será un momento especial para los peques, de mancharse las manos con la tierra, meterse con las botas en el agujero y ayudar a pisar bien la tierra alrededor.  Puedes elegir una variedad frutal adaptada a Asturias, como un manzano, un peral, un ciruelo, un cerezo, un limonero… Si tienes más espacio también puedes optar por un castaño, una higuera… Las posibilidades son muchas.

En cualquier vivero encontrarás lo que necesitas. La herramienta indispensable es un palote o una azada para cavar el hoyo. Convendrá además que aportes algún abono a la tierra. Si no tienes terreno para hacer esto, estate atento a alguna iniciativa de reforestación.

Recoge flores y prénsalas en un libro. Un paseo por el parque es suficiente para recolectar el material que necesitas. Los peques se apuntarán a la tarea encantados. Después en casa basta con elegir un libro gordo, proteger sus páginas con papel de periódico, y prensar las flores. Vale todo tipo de flor y de hoja, aunque las que son más gruesas no quedan tan bien. Las margaritas, por ejemplo, no son muy adecuadas porque tienen el receptáculo del polen muy abultado. Funcionan muy bien las hojas de hiedra, las flores de manzano y de cerezo…

Pero en general podrás experimentar con cualquier cosa que encuentres. Pasados los meses, cuando las flores se hayan secado, será el momento de hacer alguna composición floral.

Haz una visita al Botánico de Gijón. ¿Cuánto hace que no pasas por el Botánico? La primavera es una época especial para visitarlo, y los bebés quedarán encantados con las flores que encontrarán a su paso.

El espacio se divide en cuatro zonas: Entorno Cantábrico, Factoría Vegetal, Jardín de la Isla e Itinerario Atlántico.

Participa en una recogida de basura. Si tus bebés ya son un poco autónomos, puedes ir con ellos a una recogida de basura, aunque con mucha atención para que no la metan en la boca. Este fin de semana hay programadas dos, ambas en la comarca de Avilés: el sábado en el playón de Bayas y el domingo en la playa de Xagó.

Para ellos será una aventura, y también una buena forma de concienciarles sobre los retos medioambientales a los que se enfrenta la sociedad.

Da un paseo por un entorno rural. Asturias es un lugar privilegiado para garantizarte un entorno rural próximo a tu casa, vivas donde vivas. Cualquier pueblo o zona agraria puede servir para descubrir animales, plantas…

En febrero han nacido los corderitos, así que si encuentras un campo con ovejas será todo un espectáculo verlos brincar. Si encuentras un riachuelo, fíjate a ver si hay renacuajos.

Organiza una cacería de huevos de Pascua. Algunos países, anglosajones principalmente, tienen esta costumbre que puedes adaptar para hacer un juego en el jardín.

Se trata, básicamente, de esconder huevos de chocolate (pero puedes sustituirlos por otra cosa) entre las flores, los arbustos… Y que los peques pasen un rato divertido buscando el tesoro.

Recoge conchas y piedras en la playa. ¿Qué plan mejor que ir a un arenal con una cestita y llenarla de piedras bonitas y conchas de mar?

Antes de marcharte selecciona el material para no cargar con media playa. En casa puedes aprovechar las piedrecitas para rellenar jaboneras y jarrones de flores, las conchas para hacer móviles…

Vuela una cometa. No importa si han pasado muchos años desde la última vez que corriste para alzar una cometa al aire.

Los bebés disfrutarán viendo tus esfuerzos por lograr el objetivo, y si ya caminan seguro que se animan a intentarlo. Busca un día de viento y un lugar amplio, como una playa.

Lee «La pequeña oruga glotona» de Eric Carle. Hay muchos libros que pueden resultar útiles para explicar a los bebés lo que ocurre en primavera. Un clásico de éxito asegurado es «La pequeña oruga glotona», que describe la metamorfosis desde la fase de larva hasta la de mariposa. Trabaja además los colores, los días de la semana, las frutas y los números.

¿Y a ti, qué te gusta hacer en primavera?

 

Elisa Campo

En reconversión. ¿O mejor en evolución? Periodista desde hace más de una década, la doble maternidad me ha empujado a una nueva vida, donde la actividad profesional no esté reñida con cambiar pañales y escuchar los primeros balbuceos de mis bebés. La vida es, más que nunca, una aventura.

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