Si el bebé no responde a su nombre con un año, puede tener autismo

Si un bebé no responde a su nombre cuando ya tiene un año cumplido puede ser uno de los indicadores de que padece un Trastorno del Espectro Autista (TEA). Hoy, 2 de abril, se celebra el Día Mundial de la Concienciación sobre el Autismo, que en esta ocasión lleva como lema «I ∞ autismo. Una dinámica nueva para el autismo». El objetivo de esta campaña es promover cambios positivos en varios aspectos de la vida de las personas con TEA.

Los pediatras hablan de unas «Red Flags» o «Banderas Rojas», las alertas que pueden indicar un caso de autismo. Está recomendado consultar con el pediatra cuando no tienen un comportamiento normal de un niño de un año, esto es:

  • Tienen muy pocos gestos.
  • Falta de conexión con la mirada, raras veces miran a la cara.
  • Falta de expresiones alegres, cálidas.
  • No tienen interés en entregar o mostrar cosas.
  • No responden a su nombre.
  • Falta de coordinación en la comunicación no verbal. Son poco expresivos.

Comportamientos atípicos

Además son habituales estos comportamientos atípicos:

  • Suelen jugar con los objetos repitiendo continuamente el mismo movimiento.
  • También hacen movimientos repetidos con partes de su cuerpo.
  • El tono de su voz es atípico.

La recomendación general tanto para padres como para educadores es estar alerta ante estos signos si algo no va bien. Lo mejor es detectar el problema antes de que el niño cumpla los 2 años. En el caso de que el pediatra sospeche de algún tipo de riesgo se deriva a los servicios de Atención Temprana, donde reciben las herramientas que necesitan para convivir con el trastorno de la mejor forma posible.

Alteraciones en el desarrollo

Los trastornos del espectro autista suponen alteraciones en el desarrollo del niño, y comienzan desde muy corta edad. Algunas consecuencias son las dificultades en la comunicación, en el lenguaje, en la capacidad de relacionarse con otras personas y en la variedad de intereses o juegos. No todos los casos son iguales, y existen diversos niveles de gravedad.

Según los pediatras María José Palomares y María Eli Valero, se puede ver un patrón de conducta en los casos de TEA:

  • Son niños poco interesados por estímulos sociales: prefieren jugar solos, son poco expresivos, no suelen sonreír ni mostrar afecto. Responden poco y no suelen dirigirse a otras personas.
  • Son niños muy meticulosos que tienen unos hábitos “estrictos”. Suelen tener una rutina y cuando se les saca de la rutina pueden enfadarse o tener rabietas.
  • A partir del año y medio se ven dificultades en el juego, sobre todo en el juego simbólico. Por ejemplo: Se le da al niño una taza y una cuchara y no se lleva la taza a la boca o no mueve la cuchara dentro de ésta.
  • Su lenguaje está retrasado. Puede ser repetitivo, a esto se le llama ecolalia. Tienen un tono de voz diferente.
  • No miran cuando se comunican.
  • A veces sus movimientos son repetidos y estereotipados.
  • Se comunican para pedir cosas y no tanto para compartir.
  • Usan muy pocos gestos.

En cambio no existe ningún rasgo físico asociado, más allá que en algunas ocasiones tengan la cabeza un poco más grande. Lo que sí está documentado es que el autismo es tres veces más frecuente en niños que en niñas. La prevalencia estimada es de un caso de TEA por cada 100 personas.

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